la libra de carne



Acto IV. Escena I.

ALGUACIL—Se abre la sesión de este Tribunal Económico Supremo de Bruselas. Preside la Excelentísima Dux de Europa, su señoría: la hamburguesa Angela Merkel.

(Angela entra en escena con cara de más bien pocos amigos o ninguno)

DUX MERKEL—Bien, ¿quien es aquí la nación y quien los mercados soberanos?
ALGUACIL—Señor Presidente del Gobierno Español y su letrado, y los señores fiscales, el viejo Herman Van Rompuy y el honorable Martin Schulz, en representación de los intereses del arcano ente incorpóreo al que apodan “Los Mercados”. Pónganse todos en pie.
DUX MERKEL—Schulz parece un apellido judío, ¿lo es usted señor Martin?
FISCAL—Si no lo soy, como si lo fuera, señoría.
DUX MERKEL—Bien, ¿qué tiene que decir el abogado del pueblo español en su defensa?
ABOGADO—Señoría, tanto los españoles como así muchos otros europeos piensan, y yo pienso también, que la intención de “Los Mercados” ha sido simplemente proseguir su juego cruel hasta el último momento, y que ahora mostrarán una clemencia y una piedad más extraordinarias de lo que supone su aparente crueldad. De suerte que en lugar de exigir la penalidad convenida a los pobres ciudadanos, no solamente renunciarán al cumplimiento de los plazos para la reducción del déficit, sino que, animados de generosidad y de ternura humana, cesarán en su pretensión por cobrar la deuda íntegra. Esperamos una respuesta generosa.
FISCAL—Señoría, hemos informado a vuestra gracia de nuestras intenciones, y hemos jurado por nuestro único Dios, dinero, obtener la ejecución de las cláusulas contratadas.
DUX MERKEL—Señor Presidente, ¿Reconocéis este “Tratado de Maastricht”, este “Pacto del Euro” y la firma del documento conocido como “Pacto de estabilidad y crecimiento”?
RAJOY—Así es, señoría.
ABOGADO—Protesto, es cierto que los representantes de mis clientes firmaron los mencionados acuerdos; pero no menos cierto es el hecho de que la mayoría de los mismos nunca fueron respaldados por el voto popular, y aún cuando existió, los ciudadanos desconocían los compromisos legales que adquirían.
DUX MERKEL—No ha lugar. Que se hubieran leído la letra pequeña.
ABOGADO—Pero señoría, si en arreglo a los citados acuerdos los diferentes estados se han visto privados de autonomía en materia económica, ¿cómo pueden ahora ser culpados de su lastimosa situación?
DUX MERKEL—Que no ha lugar, he dicho.
ABOGADO—Esta bien, pero Señoría, hay otros propósitos que deben ser abordados.
DUX MERKEL—Prosiga entonces.
ABOGADO—Si señoría, verá: creemos firmemente que las agencias de calificación Standard & Poor's y Fitch entre otros, han actuado maliciosamente para inflar nuestra prima de riesgo, especulando con nuestros designios. Esta no es una cuestión baladí, ya que agrava la usura hasta umbrales tales que la devolución del crédito se ha tornado inviable. Así pues suplico por una sola vez que hagáis flaquear la ley ante vuestra autoridad; haced un pequeño mal para realizar un gran bien y doblegad la obstinación de este diablo cruel.
DUX MERKEL—Petición denegada. La usura, otrora denigrada y perseguida, es hoy la base misma de nuestro bienamado modelo económico. Ergo los intereses habrán de ser abonados íntegros.
ABOGADO—Pero mi gran Dux ¿dónde quedó aquello de la clemencia que cae como la dulce lluvia del cielo sobre el llano, y que es dos veces bendita, por bendecir al que la concede y al que la recibe?
DUX MERKEL—Usted lee demasiadas novelas de ficción, señor letrado.
ABOGADO—Señores fiscales, aunque la justicia sea su punto de apoyo, consideren bien esto: en estricta justicia, ninguno de nosotros encontraría salvación ante el voraz apetito del capitalismo. No he hablado tan largamente más que para instarles a moderar la rectitud de sus demandas.
FISCAL—¡Exijo la ley, la ejecución de la cláusula y lo convenido en los documentos!

(Entre el público el sonido de los murmullos aumenta en signo de clara indignación)

DUX MERKEL—¡Orden en la sala! Lo que solicita el letrado es imposible; no hay fuerza en Europa que pueda alterar un decreto establecido; un precedente tal induciría en la Zona Euro el cese de numerosos abusos; y eso no puede consentirse en modo alguno.
LOS MERCADOS—¡Un Daniel ha venido a juzgarnos, sí, un Daniel! ¡Oh, joven y sabio juez, cómo te honro!
DUX MERKEL—Dejadme, os ruego, el informe de la suma solicitada para la recapitalización de Bankia y las otras financieras entidades.
FISCAL—Vedlo aquí, reverendísimo doctor, vedlo aquí.

(La Dux examina con detenimiento el informe con ojos severos. Si bien este dato puede no ser especialmente ilustrativo, ya que su excelencia nunca tuvo ningún otro registro facial. Mientras tanto, los pleiteantes susurran)

ABOGADO—¿Por qué afiláis esa tijera con tanto brío? Aún no se ha dictado sentencia.
FISCAL—Para cortar a estos arruinados lo que por estipulación se adeuda.
ABOGADO—No es en tu suela, sino en tu alma, donde sacas filo. ¿Es que acaso ninguna súplica puede ablandarte? Hemos sido llamados para responder a un enemigo de piedra, a un miserable inhumano, incapaz de piedad, cuyo corazón vacío está seco de la más pequeña gota de clemencia.
PUBLICO—Pensad, os ruego, que estáis razonando con el judío. Tanto valdría iros a la playa y ordenar a la marea que no suba a su altura habitual.

(La Dux carraspea posando el informe, y golpea con su martillo para exhortar orden en la sala tras el grito de alguien entre el público)

DUX MERKEL—Bien, es evidente que la situación financiera de su país es insostenible. Además aquí figura que en caso de incumplimiento, el señor presidente de su gobierno deberá recortar una libra de carne, lo más cerca posible del corazón de sus ciudadanos, con el fin de equilibrar la balanza de pagos.
ABOGADO (a los LOS MERCADOS)—¿Cómo podéis esperar clemencia, si no concedéis ninguna?
LOS MERCADOS—¿Qué sentencia he de temer, no habiendo hecho mal alguno? Yo os enriquecí, yo alimenté vuestras corruptelas, y os incite a vivir por encima de vuestras posibilidades. Aquello que ahora reclamo es legítimamente mío y lo tendré. Si el Dux me lo negara, anatema contra vuestra ley, los decretos de Europa, desde ahora, carecerán de fuerza alguna. Espero de vos justicia. ¿Me la haréis?
DUX MERKEL—Hela aquí: Yo como autoridad suprema en este continente… absuelvo a España de todos los pagos que se le reclaman, considerando su deuda como ominosa.
RAJOY—¿En serio?
DUX MERKEL—Que va, estaba de coña. Para que luego digan que los alemanes no tenemos sentido del humor.

(Se ríe ostentosamente durante unos segundos, tan prolongados que en rededor se hace un silencio incómodo)

DUX MERKEL—Bueno, ahora en serio: condeno a España a generaciones enteras de sometimiento al reinado de los tecnócratas del FMI, con todo el sacrificio y la austeridad que ello supone.
LOS MERCADOS—¡Oh, noble juez! ¡Oh, excelente joven!
ABOGADO—Pero señoría, ¿y la sangre? ¡El contrato no decía nada de la sangre que será derramada en el cumplimiento de su sentencia!
DUX MERKEL—Si, bueno, ya sabe: para hacer una tortilla hay que partir unos cuantos huevos, ¿no?
LOS MERCADOS—Es muy verdad, ¡oh, juez sabio e íntegro!
ABOGADO—Pero señoría, el contrato decía una libra. Ni más ni menos. ¡Solicito que se impugne esta sentencia ante la imposibilidad de cortar una libra exacta!
DUX MERKEL—Mire que es usted quisquilloso, letrado. ¡Que más da una onza arriba que abajo!, ¿acaso le va a doler menos a su pueblo?
LOS MERCADOS—¡Oh, sabio y docto juez!
DUX MERKEL—En consecuencia, id poniendo al desnudo los senos de vuestros contribuyentes. Acercaos, señor presidente, ¿tenéis algo que decir?
RAJOY—Mi pueblo es la oveja enferma del rebaño, la más adecuada, por consiguiente, para la muerte. Las frutas más débiles son las que caen primero al suelo. Así fueron Grecia, Irlanda, Portugal, y sea así con el mío. Me iré con la conciencia muy tranquila, ya que la herencia socialista no me ha dejado otra alternativa. Recibo pues, con gran pesar, estas tijeras para efectuar cuantos recortes sean necesarios.
ABOGADO—Pero bueno, ¿usted de parte de quien está?
RAJOY—Ahhh, letrado. Admiro su dedicación, pero… ¡qué sabrá usted de economía! Es la sagrada ley de los mercados. Así debe ser. Amen.
DUX MERKEL (al FISCAL)—Te pertenece el estado de bienestar de esta centenaria y desdichada nación: la ley te la da y el tribunal te la adjudica para su pronta liquidación.
LOS MERCADOS—¡Rectísimo juez!
DUX MERKEL(a RAJOY)—Podéis, y debéis, recortar las libertades civiles y la sanidad universal. La ley lo permite y el tribunal os lo autoriza.
RAJOY—¡Doctísimo juez! ¡He ahí una sentencia!
FISCAL—No nos olvidemos de la educación pública.
DUX MERKEL—Disculpe mi omisión, señor Rompuy. Pensé que no había necesidad de mencionar lo obvio.
ABOGADO—Pero señores, ¿dónde quedó lo de las “líneas rojas” que no se deben traspasar? El espíritu de todos esos tratados mediante los cuales nos están condenando hace explicita la voluntad de un proyecto europeo común, en igualdad de todos sus miembros y…
DUX MERKEL—Jajajajaja, que me desorino.
ABOGADO—…y las jubilaciones millonarias de los consejos de administración. ¿Y por qué no están siendo juzgados los gestores públicos que nos han arruinado? Señoría, ¿dónde está la frase en que usted dice «ya que “Los Mercados” piden justicia, tengan por seguro que la obtendrán, más de lo que imaginaban»? Por no hablar de…

(El abogado continua hablando totalmente fuera de si, pero ya nadie en la sala le escucha)

DUX MERKEL—Oiga, señor presidente, tendría la bondad, puesto que tiene tanto que recortar en lo sucesivo… dígame ¿no le importaría empezar ahora mismo por este tipo tan cansino?
RAJOY—Eso esta hecho, señoría.
ABOGADO—…y las condiciones abusivas de… ¿que es lo que está haciendo? Señor Rajoy… cuidado con esa tijera que puede hacerme daño. ¡Señor presiden…! ¡Ahhhhhh! ¡Noooo!

(El presidente hunde las tijeras en el pecho de su propio letrado, con cierta parsimonia y mientras silba el himno de su partido. Las disposiciones del juzgado se tiñen de rojo por la abundante sangre emergida)

DUX MERKEL—¿Estás satisfecho, judío fiscal? ¿Y qué dicen los mercados, pues?
LOS MERCADOS— Satisfecho me hayo. Por ahora.

1 coros disfónicos :

Fernando Lamata dijo...

Al ver su comentario en publico.es he venido a ver el post y me ha alegrado ver la coincidencia en la idea, tratada aquí muy hábilmente. Ojalá que de la reflexión de muchos surja poco a poco la fuerza para cambiar las cosas. Un saludo.
Fernando Lamata

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