Y tanto que escribo al amor, al desamor, y a las guitarras y las canas… ¿cómo puedo escribir tan poco a los ángeles? Y si tienes razón y yo soy uno… ¿qué sería de mí si tú no estuvieras atenta cada vez que estoy apunto de caerme?
Esta vez me he sentido verdaderamente cerca de alistarme en el infierno, pasar a luchar del lado de los otros ángeles caídos; pero siempre te las apañas para aparecer como en un deus ex machina y cogerme la mano cuando me pierdo. En el momento preciso en que quiere olvidárseme quién soy. Qué represento.
Y tanto que escribo al amor… y cuan pocos graffitis hago. Debería imprimir unas plantillas y llenar la ciudad con la obra de Banksy. Para recordarme que, de entre el gris sucio de las paredes, habitan también seres extraños con coleta y escafandra; para recordarnos a todos, empezando por mí, que los ángeles no visten sus alitas a diario, pero lo mismo cuidan del cuidador, velan porque el soñador no se despierte. Porque El Quijote no se entregue a los loqueros.
Hay que ver: tantos nombres y pseudónimos que han desfilado por este lienzo gastado… y que poquitas veces el tuyo, Marisol. Quizás porque lo mucho que te debo nunca he sabido expresarlo con palabras. Pero siempre está ahí, Ami. Amiga.
¿Y qué puedo añadir si…? mi pequeña sonrisa de Amilie… me tienes calado.
















