ambient

dear C


©Laika Entertainment

Yo quería salvarte, Coraline. ¿Pero cómo salvarte de ti misma?
Yo quería salvarme, Coraline. Por una vez en la adversidad buscaba el antídoto en vez de el veneno licuado con que fulminarme la mirada. ¿Pero cómo salvarme de ti misma?

Salvarte, pequeña, esbelta, entrañable Coraline,
de andar siempre tras 'el otro esto', 'el otro aquello'. Lo "otro".

Lo otro del otro lado de la otra puerta pequeña,
con letra pequeña, y como explicarte la trampa que habita
en los agujeros de gusano, ¿cómo hacerlo? sino con un par de bonitos botones de nácar,
fijos en ti,
esperando que algún día me devuelvas el alma

o, lo que te quede de ella. Lo que sea que quede después.

away


photo by: karkaz

He de irme.

No hay prisa y aún no ha llegado el momento. Pero me iré. A construir algo que, por una maldita vez, no sean palabras. A recordar como era aquello de que el trabajo dignifica, porque con tanto salario mínimo interprofesional ya se me (nos) había olvidado.

Cuando lo haga, porque antes o después lo haré, no tendré la sensación de estar dejándome nada importante. Por el contrario, serán todas estas cosas que hoy me rodean —y me poseen— las que se apenen y sientan que me han perdido de a poco y ya no estoy.

Una vez lo haya hecho no tendré ni mi música. Quiero permanecer en silencio, laburar en silencio, sentir en silencio. Reciclar de alguna forma esa misma mudez que te tenía destinado, esa afonía que no resulta opresiva ni ausencia, sino equilibrio de todas las cosas que, en el fondo —he recordado— no era necesario pronunciar.

Sólo entonces; cuando haya un refugio, una hoguera, un café al fuego, una piedra, un instrumento apoyado en ella, cuando se pueda TOCAR (cualidad de lo que esta tela de araña de bonitos pensamientos no puede presumir); entonces y sólo entonces, será honesto y legítimo contarte que —por si lo dudabas— todo aquello lleva tu nombre. Cualquiera de ellos. Quizás todos. Aseverarte, sin mentir ni soñar (¿?), que ves la morada de algo que está siempre presente, aunque nadie pudo verlo aún. Leyendificar, puestos a inventar palabras, rellenar molestos agujeros del diccionario.

Y no es una despedida, pero casi. Porque, en sigilo, la mitad inteligente de mi mismo ya se había marchado hace un tiempo. El doctor dice que vaya en su búsqueda, que sino luego coserla puede complicarse. Y yo no puedo negarme, pues en el fondo… en fin,

vos ya me comprendés.

90


photo by: freakyhedgehog

Pero más duro es volver. Volver a ese lugar común de desencuentro en noches sin miradas indiscretas. Al safari y el carnaval de teas encendidas. Volver a donde uno no quisiera tener que volver ya más; a la tinta del calamar, la metáfora cotidiana, la inadmisible levedad de una vida repleta de retornos y carente de.

Y quizás, en el mejor de los casos, volver a equivocarse. Admitir que efectivamente luego de eso hay un prefijo re-, un premio de consolación, un aliento tibio merodeando alguno de los centros. Pero el mejor de los casos suele ser telefilme de la hora de la siesta. Para todo lo demás quedará este teclear que tiene algo de respiración, en lo conocido y absurdo, en lo cíclico y lo destemplado. Este teclear doliente de palabras ya escritas, de estructuras que pertenecen a otros; este otro regreso que no por buscado pasa por ser menos insatisfactorio. Más del lado de.

No te muevas tanto, hay que quedar bien para la foto de los 90.

dress

―No, que va, con ese vestido no queda bien el pelo liso.
―Bobadas. El pelo liso queda bien con todo. Incluso sólo.

bells

―Oiga ¿Puede decirme por quién doblan las campanas?
―Joder, ya estamos otra vez, ¡cuanto pesado!

ibex35: crisis